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Deshidratación: tipos y tratamiento

El agua representa alrededor del 60 % del peso corporal en los adultos y más del 70 % en los niños. No es exagerado decir que, sin ella, la vida simplemente no sería posible. Sin embargo, a pesar de su papel esencial, la deshidratación es un problema común que puede pasar desapercibido hasta volverse grave. Ya sea por un golpe de calor, una enfermedad intestinal o una pérdida excesiva de líquidos por ejercicio intenso e hidratación inadecuada, el cuerpo puede entrar rápidamente en un estado de desequilibrio que afecta cada célula, tejido y órgano.

Comprender qué es la deshidratación, sus tipos y las mejores estrategias para tratarla no solo ayuda a prevenir complicaciones, sino que también mejora la respuesta ante situaciones de emergencia. Este artículo explora las causas fisiológicas detrás de la pérdida de líquidos, los distintos tipos de deshidratación que existen y los tratamientos más efectivos según la evidencia médica actual.

¿Qué es la deshidratación?

La deshidratación ocurre cuando el cuerpo pierde más agua de la que ingiere, provocando un desequilibrio entre líquidos y electrolitos, principalmente sodio, potasio y cloro. Este desequilibrio altera procesos vitales como la regulación de la temperatura, el transporte de nutrientes, el proceso digestivo, la eliminación de desechos y la función muscular.

El cuerpo pierde agua constantemente a través de la respiración, la orina, el sudor y las heces. En condiciones normales, estas pérdidas se compensan con la ingesta de líquidos y alimentos ricos en agua. Sin embargo, cuando esta compensación no ocurre, los mecanismos de regulación interna se ven comprometidos y aparece la deshidratación.

Aunque puede afectar a personas de cualquier edad, ciertos grupos son más vulnerables: los lactantes, los niños pequeños, los adultos mayores y las personas con enfermedades crónicas. Su capacidad para percibir la sed o regular la temperatura corporal es limitada, lo que los pone en riesgo de sufrir cuadros más graves.

Causas más comunes de deshidratación

La pérdida de líquidos puede deberse a múltiples factores. Los más frecuentes incluyen:

  • Fiebre o infecciones: aumentan la temperatura corporal y aceleran la transpiración.
  • Vómitos y diarrea: causan pérdidas simultáneas de agua y sales minerales, especialmente peligrosas en niños.
  • Ejercicio intenso o exposición al calor: el cuerpo suda más para enfriarse, lo que incrementa la pérdida de agua.
  • Consumo insuficiente de líquidos: ya sea por descuido, falta de acceso al agua o alteraciones de la sed.
  • Ciertos medicamentos: como los diuréticos o laxantes, que promueven la eliminación de líquidos, particularmente en ancianos cuando no existe un ingesta adecuada de líquidos.

Cada causa puede producir un tipo distinto de deshidratación según el equilibrio entre agua y electrolitos que se pierde.

Tipos de deshidratación

En medicina, la deshidratación se clasifica principalmente según el nivel de sodio en el plasma, el principal ion extracelular. Esta clasificación ayuda a determinar el tipo de tratamiento más adecuado.

Deshidratación isotónica

La deshidratación isotónica es la más común y ocurre cuando el cuerpo pierde agua y sales minerales, principalmente sodio, en proporciones similares, como sucede en episodios de diarrea o vómitos moderados. En este tipo de deshidratación, el organismo pierde líquido de manera general, lo que reduce la cantidad de agua disponible en la sangre y los tejidos para mantener la hidratación de los órganos y tejidos vitales.

Los síntomas típicos incluyen sed intensa, debilidad, cansancio, piel seca y disminución de la cantidad de orina. Un ejemplo frecuente de deshidratación isotónica es la gastroenteritis aguda en niños, donde la pérdida de líquidos y sales se produce de manera equilibrada, afectando tanto agua como sodio.

Deshidratación hipertónica

La deshidratación hipertónica se presenta cuando el cuerpo pierde más agua que sales, provocando que la concentración de sodio en la sangre aumente, un cuadro conocido como hipernatremia. Esta situación genera que las células pierdan agua, lo que puede afectar especialmente al cerebro y a otros órganos sensibles a los cambios de líquidos.

Las causas más frecuentes incluyen fiebre alta, exposición prolongada al calor y falta de suficiente agua en lactantes alimentados con fórmulas concentradas. Los síntomas habituales abarcan irritabilidad, somnolencia, piel caliente y seca, fiebre persistente y, en casos graves, convulsiones. La deshidratación hipertónica es particularmente peligrosa porque altera el equilibrio del agua dentro de las células, por lo que requiere atención médica inmediata y una rehidratación cuidadosa y progresiva.

Deshidratación hipotónica

La deshidratación hipotónica ocurre cuando el cuerpo pierde más sales, especialmente sodio, que agua, lo que disminuye la concentración de este mineral en la sangre. Este desequilibrio provoca que el agua se desplace hacia el interior de las células, aumentando su volumen y generando posibles complicaciones, sobre todo a nivel cerebral.

Entre sus causas se encuentran la administración de soluciones demasiado diluidas durante la diarrea, el uso prolongado de diuréticos o la pérdida de sudor sin reponer adecuadamente las sales. Los síntomas pueden incluir calambres musculares, mareos, confusión y, en casos severos, edema cerebral, que se manifiesta con convulsiones o pérdida de conciencia.

Cada tipo de deshidratación requiere un tratamiento específico. Por ello, es fundamental la evaluación médica antes de iniciar cualquier plan de rehidratación, ya que un manejo incorrecto puede agravar el desequilibrio de líquidos y electrolitos y aumentar el riesgo de complicaciones.

Síntomas generales y signos de alarma

La deshidratación puede manifestarse de formas distintas según su severidad. En casos leves, el cuerpo suele compensar la pérdida de líquidos sin mayores complicaciones. Sin embargo, cuando la pérdida es importante, los signos se vuelven evidentes, algunos de ellos son:

  • Sed excesiva y boca seca
  • Fatiga o debilidad general
  • Disminución del volumen de orina o color amarillo oscuro
  • Mareos, cefalea y sensación de confusión
  • Piel fría, seca y con poca elasticidad
  • Taquicardia y respiración acelerada

En los niños, pueden observarse signos específicos como llanto sin lágrimas, irritabilidad, hundimiento de la fontanela (en quienes aún no se ha cerrado) y ausencia de orina por más de seis horas. En los adultos mayores, la deshidratación puede presentarse de manera más sutil, manifestándose como somnolencia, desorientación o disminución del apetito.

Cuando se presentan síntomas graves, como debilidad extrema, fiebre persistente, diarrea intensa, confusión o pérdida del conocimiento, es vital acudir a un servicio de urgencias, ya que pueden indicar una deshidratación severa o complicaciones neurológicas.

Diagnóstico de la deshidratación: cómo se determina el grado de pérdida de líquidos

El diagnóstico de la deshidratación se basa en la evaluación clínica, sin embargo las pruebas de laboratorio ayudan a evaluar las complicaciones derivadas de la misma, como las pérdidas de electrolitos o la afectación renal. En la mayoría de los casos, un médico puede identificarla mediante la observación de signos físicos y el análisis de los antecedentes del paciente, como fiebre, diarrea, vómitos o exposición al calor.

El examen físico incluye la valoración del estado de conciencia, la presión arterial, la frecuencia cardiaca y respiratoria, la turgencia de la piel y la presencia de sequedad en la mucosa oral. En los niños, la observación del llanto sin lágrimas y del hundimiento de la fontanela es muy útil para determinar la gravedad.

En casos de deshidratación leve o moderada, estos indicadores suelen ser suficientes. Sin embargo, cuando hay sospecha de deshidratación severa, se realizan pruebas de laboratorio que miden:

  • Electrolitos séricos, especialmente sodio, potasio y cloro.
  • Niveles de creatinina y urea, que reflejan el funcionamiento renal.
  • Osmolaridad plasmática, útil para identificar el tipo de deshidratación (hipertónica, isotónica o hipotónica).

Estas pruebas permiten ajustar el tratamiento, ya que una deshidratación hipertónica, por ejemplo, requiere un abordaje diferente a una hipotónica.

Tratamiento de la deshidratación: objetivos y principios generales

El tratamiento de la deshidratación tiene tres metas principales:

  1. Restaurar el volumen de líquidos perdidos.
  2. Corregir los desequilibrios de electrolitos.
  3. Tratar la causa subyacente que provocó la pérdida de agua.

El método de rehidratación dependerá de la gravedad del cuadro y del estado clínico del paciente. En general, se clasifican dos grandes estrategias: rehidratación oral y rehidratación intravenosa.

Rehidratación oral: la primera línea de tratamiento

La rehidratación oral (RHO) es el tratamiento recomendado para los casos leves o moderados. Su eficacia está ampliamente comprobada por organismos internacionales de salud.

Consiste en administrar una solución de rehidratación oral (SRO) que contiene una combinación precisa de agua, glucosa y sales minerales (sodio, potasio, cloruro y citrato). Esta fórmula facilita la absorción de agua en el intestino gracias a un mecanismo conjunto entre glucosa y sodio.

¿Cómo preparar una solución de rehidratación oral?

Existen sobres comerciales que se disuelven en un litro de agua hervida o embotellada. También se puede preparar una versión casera de emergencia con:

  • 1 litro de agua limpia
  • 2 cucharadas soperas de azúcar
  • ½ cucharadita de sal

La mezcla debe ser homogénea y administrarse en pequeñas cantidades frecuentes. Si el paciente vomita, se espera unos minutos y se reanuda la administración lentamente, además se deberá compensar esa cantidad perdida.

Cantidades recomendadas:

Niños: entre 50 y 100 ml de SRO por cada episodio de diarrea.
Adultos: aproximadamente 2 a 3 litros al día, ajustando según el grado de pérdida.
Deportistas: pueden requerir bebidas con electrolitos después de entrenamientos intensos o exposición al calor.

La RHO no solo repone líquidos, sino que previene complicaciones como la hiponatremia y evita hospitalizaciones innecesarias.

Rehidratación intravenosa: cuándo es necesaria

Cuando el paciente presenta deshidratación severa o incapacidad para tolerar líquidos por vía oral, se recurre a la rehidratación intravenosa (RI). Este procedimiento permite restablecer rápidamente el volumen circulante y los niveles de electrolitos.

Las soluciones utilizadas pueden ser:

Solución salina isotónica (0,9 % NaCl): ideal para deshidrataciones isotónicas.
Solución glucosada al 5 %: indicada en casos de hipernatremia.
Soluciones mixtas (Ringer lactato o glucosalina): para reponer tanto agua como electrolitos.

El volumen total administrado y la velocidad de infusión dependen del peso, la edad y el grado de deshidratación. Durante el tratamiento se monitorizan los signos vitales, la diuresis y los niveles de sodio en sangre para evitar sobrecarga de líquidos o alteración neurológica.

En los niños con deshidratación severa, se siguen protocolos específicos de rehidratación rápida, siempre bajo supervisión médica hospitalaria.

Cuidados adicionales y manejo de la causa subyacente

Rehidratar no siempre es suficiente. Es esencial tratar la causa que provocó la pérdida de líquidos para evitar recaídas:

  • Si la deshidratación fue por gastroenteritis, se recomienda mantener una dieta ligera con alimentos blandos y evitar bebidas azucaradas o muy frías.
  • En caso de fiebre, controlar la temperatura con medios físicos y medicamentos antipiréticos indicados por el médico.
  • Si la causa es diabetes descompensada, se requiere un control estricto de la glucemia y ajuste de la medicación.
  • En personas mayores, fomentar el consumo regular de líquidos, incluso si no sienten sed.

También se aconseja evitar el consumo excesivo de alcohol o cafeína, ya que ambos tienen efecto diurético y favorecen la pérdida de agua.

Errores comunes al tratar la deshidratación

Un manejo inadecuado puede empeorar el cuadro. Entre los errores más frecuentes están:

  • Beber solo agua pura sin reponer sales, lo que puede causar hiponatremia.
  • Usar refrescos, jugos comerciales o bebidas energéticas como sustituto de las SRO.
  • Administrar sueros caseros con proporciones incorrectas de sal o azúcar.
  • Suspender la alimentación durante la RHO (lo ideal es mantener comidas ligeras).

La educación del paciente y su familia es clave para garantizar una recuperación completa y prevenir recurrencias.

Prevención de la deshidratación: cómo mantener el equilibrio hídrico

La prevención de la deshidratación se basa en mantener un aporte adecuado de líquidos y electrolitos, ajustado a las necesidades del cuerpo. Aunque parece simple, muchas personas no beben suficiente agua durante el día o no reconocen los primeros signos de pérdida de líquidos.

El cuerpo no solo necesita agua, sino también sales minerales que se pierden a través del sudor y la orina. En condiciones normales, una dieta equilibrada y la ingesta regular de líquidos son suficientes para mantener el equilibrio. Sin embargo, durante episodios de fiebre, diarrea, calor extremo o actividad física prolongada, las necesidades aumentan.

Para prevenir la deshidratación, se recomienda:

  • Beber agua de manera constante, incluso si no se siente sed. La sensación de sed ya indica cierto grado de pérdida.
  • Aumentar la ingesta de líquidos en días calurosos o cuando se presentan enfermedades que provoquen fiebre o vómitos.
  • Consumir frutas y verduras ricas en agua, como melón, sandía, pepino y naranja.
  • Evitar bebidas alcohólicas o con cafeína en exceso, ya que incrementan la eliminación de líquidos.

Estas simples medidas pueden marcar la diferencia, especialmente en niños y adultos mayores, que suelen tener menor percepción de la sed.

Deshidratación en poblaciones vulnerables

Ciertas etapas de la vida o condiciones de salud requieren especial atención, ya que el riesgo de deshidratación es mayor y las consecuencias pueden ser más graves.

Niños y lactantes

En los niños pequeños, las pérdidas de líquido corporal representan un porcentaje más alto respecto a su peso. Además, su capacidad para concentrar la orina es menor. Las diarreas o vómitos pueden llevar rápidamente a una deshidratación severa.

Los signos de alerta incluyen llanto sin lágrimas, boca seca, irritabilidad, somnolencia y ausencia de orina. En estos casos, es crucial iniciar la rehidratación oral de inmediato y consultar a un pediatra si los síntomas no mejoran en pocas horas.

Adultos mayores

Con el envejecimiento, el mecanismo de la sed se atenúa y los riñones pierden eficiencia para conservar agua. Muchos adultos mayores también toman medicamentos diuréticos o padecen enfermedades crónicas que aumentan las pérdidas de líquidos.

Se recomienda mantener una rutina de hidratación estructurada: beber pequeñas cantidades de agua cada hora, tener siempre una botella a la vista y consumir caldos, infusiones o jugos naturales sin azúcar.

Personas con enfermedades crónicas

Pacientes con diabetes, insuficiencia renal o trastornos gastrointestinales deben seguir indicaciones médicas precisas sobre la cantidad y tipo de líquidos permitidos. En estos casos, la supervisión profesional es esencial para evitar tanto la deshidratación como el exceso de líquidos.

¿Cómo actuar ante los primeros signos de deshidratación?

Reconocer los síntomas tempranos permite actuar antes de que el cuadro avance. Cuando aparecen sed intensa, cansancio, orina escasa o sequedad en la boca, lo ideal es:

  1. Detener la actividad física o exposición al calor.
  2. Beber lentamente agua o una solución de rehidratación oral.
  3. Buscar un ambiente fresco y ventilado.
  4. Evitar comidas pesadas y muy saladas.

Si el malestar no mejora o surgen signos como confusión, fiebre persistente o vómitos intensos, es necesario buscar atención médica de inmediato.

Importancia del equilibrio entre agua y electrolitos

Aunque el agua es el componente principal del cuerpo, los electrolitos son los verdaderos reguladores del equilibrio interno. Sin sodio, potasio y cloro, el organismo no puede mantener la presión osmótica, la función muscular ni la transmisión nerviosa.

Por eso, durante la recuperación de una deshidratación, no basta con beber agua sola: se deben reponer también los electrolitos perdidos. Las soluciones de rehidratación oral tienen una proporción exacta para restablecer este equilibrio sin provocar alteraciones metabólicas.

Además, mantener una alimentación rica en frutas, verduras y caldos naturales contribuye a conservar niveles adecuados de electrolitos en el día a día.

Consejos para un cuerpo bien hidratado

  • Llevar siempre una botella de agua al salir de casa.
  • Beber antes, durante y después de actividades que generen sudor.
  • Reemplazar parcialmente las bebidas azucaradas por agua natural o infusiones.
  • Incluir alimentos ricos en agua en todas las comidas.
  • No esperar a tener sed para hidratarse.

Mantener estos hábitos fortalece la salud del sistema circulatorio, renal y digestivo, y mejora el rendimiento físico y mental.

Hidratarse frecuentemente: la mejor prevención

La deshidratación puede parecer un problema menor, pero sus consecuencias pueden ser graves si no se detecta a tiempo. Un cuerpo bien hidratado es sinónimo de equilibrio, energía y salud.

Fomentar una cultura de la hidratación consciente implica entender que el agua no solo calma la sed, sino que sostiene cada función vital del organismo. Escuchar las señales del cuerpo, elegir líquidos adecuados y reponer sales minerales cuando sea necesario son prácticas simples que pueden prevenir complicaciones y mejorar la calidad de vida.

El mensaje final es claro: hidratarse es cuidar la salud. No esperes a sentir sed para hacerlo. Cada sorbo cuenta, y mantener el equilibrio hídrico es una de las formas más efectivas y sencillas de proteger tu bienestar día tras día.

 

Fuentes:

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